Los principales síntomas que puede experimentar una persona que padece esta enfermedad, son: temblores, rigidez en las extremidades, problemas de equilibrio e inestabilidad, lentitud en los movimientos (bradicinesia) y pérdida de expresividad facial.
La calidad de vida de la persona se ve afectada, ya que se le empieza a dificultar la realización de actividades diarias y cotidianas, como bañarse, vestirse, cocinar, hablar, desplazarse, entre otras.
Los profesionales de la salud suelen diagnosticar Parkinson cuando al menos dos de los síntomas principales aparecen prolongadamente.